Solo odio


Qué irónica es la vida. No sé cómo, pero me convertí en lo que más aborrecía. Soy Valerie, tengo 26 años, y esta es mi miserable vida.

 

Desde pequeña, tenía algo claro: jamás sería como esa cobarde que dice ser mi madre. Nací en una familia amorosa, o al menos eso pensaba. Cuando cumplí 5 años, una patrulla de policías llegó a mi casa y arrestó a mi madre por cargos de agresión y homicidio agravado. Resultó que ella había matado a mi tío, su hermano, por la herencia de mi abuelo, que había muerto poco antes. Todo se convirtió en una controversia, pero mi madre nunca aceptó los cargos. Su condena fue de 20 años de cárcel.

 

Seguí con mi vida, pero tal vez me volví un tanto perfeccionista. No quería terminar de la misma forma que mi madre; la odiaba. ¿Cómo pudo hacernos eso a mi padre y a mí? Nosotros la amábamos, y a ella solo le importó el maldito dinero. Lloré por semanas; me dolió demasiado. Un año después, me di cuenta de que ya no valía la pena, y juré jamás ser como ella.

 

A los 17 años encontré al amor de mi vida, o eso pensaba. Daniel, un chico que me llevó a la ruina. Al principio, todo era maravilloso; él me trataba increíblemente bien, pero de un momento a otro cambió totalmente. Era frío y distante, y ya casi nunca salíamos. Siempre tenía una excusa. Pensé que yo era la culpable de todo. Un día me enojé demasiado y le pregunté por qué me trataba así. Él empezó a llorar y dijo que su familia estaba mal económicamente. Necesitaba ayuda y no sabía cómo ayudarle. Bueno, sí lo sabía, pero no era la mejor idea. Se lo comenté a Daniel, y él aceptó. Tal vez con demasiada facilidad.

 

Creo que olvidé contarles el plan. Bueno, consistía en robar una joyería. Sí, el banco es muy cliché. Cuando estábamos de camino a la joyería, todo iba bien. Realizamos el robo, pero cuando salimos de la joyería, la policía llegó y me arrestó. ¿Por qué no a Daniel? Me preguntaba. Resultó que él había hablado con la policía; era una trampa. Él me odiaba y yo a él, maldito. Al parecer, el robo era más grave de lo que pensaba, y el juez me dio cinco años de cárcel. Al principio fue complicado, pero después me acostumbré. A decir verdad, me gustaba el plan. Me di cuenta de que no todo debía ser perfecto. Por fin podía tener algo de libertad.

 

Después de salir de la cárcel, me vengué de Daniel y su familia. Sí, fue doloroso, pero lo hice. Se lo merecía. De ahí en adelante, me dediqué a estar de robo en robo. Y ahora estoy feliz en mi apartamento, en mi eterna soledad. Sí, mi historia no es muy interesante, pero necesitaba desahogarme de alguna forma. Gracias a todo lo que me pasó, me di cuenta de que mi madre solo quería ser feliz. Ya no la odiaba, porque era como ella.


By: María Suarez.

Séptimo 


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